Mariposas en invierno

Suave, aleteó de nuevo y se posó. El brillo multicolor desmenuzado por el vuelo era ahora como un tapiz traslúcido.

Con lágrimas teñidas de risas, entre sus manos temblorosas sueltas ya de las barras de la cama, pudo por fin tener a su hijo. Besarlo, acariciarlo y sentirle vivir. Estaba aquí, unido aún por el cordón, cálido como el dulce amanecer de verano, abriendo sus ojitos disfrutando de segundos de vida nuevos, limpios, dichosos de ser. Una marea de colores pasó por su cabeza y aceleró su corazón. Nada podía ser igual. El final de un camino, llegando a puerto, tras un mar de miedos. Tras la incertidumbre de poder, de saber, de hacer. Una experiencia solo suya, que pudo elegir vivir sin dolor.

Volaba rápido, en un vaivén infinito que fluctuaba al compás de la luz. Azul, rosa, violeta, blanco… arcoíris delirante solo detenido al segundo de respirar, para seguir.

La vida se abre tras un camino de diez pasos. Tenía que preparar su cuerpo para ceder paso. Como intentar con un dedo abrir una puerta en un muro. Así lo pensaba. Era maravilloso, y terrible a la vez. La incertidumbre ante lo inesperado, al sendero desconocido, al dolor. Y aún con la motivación embargándole el ánimo, hasta el más tenaz se puede romper con el dolor, con la constancia del mismo, con la periodicidad y su intensidad. Pero había elegido escapar de lo establecido, olvidar la costumbre y buscar poder estar entera. Eligió prescindir del dolor. Y supo, que con éxito o sin él, había sido la mejor elección. Se dejó llevar, haciéndose una con su pequeña vida, confiando y cediendo. Sentada expuso un camino de cuencas para dar camino a un espacio virtual. Unas manos expertas vieron con su tacto el sitio donde dejar un oleaje suave que bañara el dolor, dibujado en la arena. Y después, desapareció para ser de nuevo invisible.

Casi como a otro tempo, desplegó sus bellas alas, espléndidas, efímeras, únicas. Y voló. Voló y voló.

Una bata, un fonendo en la mesa y una mirada tranquila. Volvió a explicárselo todo. Con calma, despacio. Lo comprendió. Era su opción. El dolor no es necesario. Seguridad, confianza. Ahora sí sabía cómo quería que ocurriese. Le sonrió, sabía de qué le estaba hablando. Era visible. Oyó su nombre. Se levantó, ¡ya le costaba! Leyó de nuevo el cartel: Consulta de epidural.

 

 

Anuncios

Autor: elmedicoinvisible

Médico especialista en Anestesiología y Reanimación. Doctor en medicina y cirugía. Diplomado Europeo en Anestesiología y Cuidados Intensivos. A fin de cuentas, médico por vocación. El resto viene por añadido.

3 comentarios en “Mariposas en invierno”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s