Saudade

Quien cuando ama,

sabe que yace solo.

Y anhela poder respirar,

pero ahoga la pena de vivir.

Sentada en el suelo, junto a ese sillón gris, miraba perdida hacia una línea fugaz de luz, reflejo de la tarde calurosa que poco a poco retiraba su asfixiante abrazo estival. Pequeñas formas, minúsculas, como suaves  copos de nieve, se suspendían y vislumbraban arrojados a la vida por aquel resquicio de un atardecer caluroso, plomizo, de un día que parecía no querer arribar.

Levantó con una cadencia lenta, pero sutil, su cabeza. Y mirando con un deseo profundo, con una agonía en la mirada, volvió a implorar.

“¿Cómo está doctor? ¿Está mejor?”

Una esperanza fútil, un deseo descarnado, un dolor tan profundo, que merecía yacer al fin. En una órbita cerrada quise poder, quise saber, quise llegar. Y no pude. A borbotones, palabras hilvanadas sin el calor del cariño.

“No está. Vive, pero ya no está. Es una hemorragia cerebral masiva, se intentó, se luchó. Y ya, no queda más que la soledad de un horizonte incierto, con él, pero sin él”.

La vida tensa caminos que fluyen dentro, que brillan al calor de mil recuerdos. Apenas medio siglo son tan pocos otoños, para un padre, para ser y partir.

“Ya, doctor…pero yo le hablo, le cuento cosas, le río, le toco, le siento… ¿cree que puede escucharme? ¿Puede?”

Y ahogado en mi debilidad, en mi falsa compasión,  en mi pequeñez, ya no puedo repetirle más una realidad que es, y no puede no ser.

“No lo sé, puede, claro, pero…”

Saudade, tuya.

5

Corres.

Sigues corriendo.

Hacia ningún lugar.

Miles de esperanzas vuelan lejos, ilusiones vestidas con colores que ni siquiera podías pensar, ni dibujar, ni palpitar.

Una estampida de mariposas, cientos, tantas que no puedes ni respirar. Un oleaje de suave color suspendido en el aire, y te fijas en una muy delicada que todavía bate sus alas, agonizando, sin poder sostener la fuerza de tu esperanza.

Quieto.

Dolorosamente quieto.

Como Edith de Lot al girarse, y descubrir que ya no, ¡que ya no!, así hierático sudando lágrimas. Semanas de alegrías,  de futuros construidos, de un amor latido al calor de la vida. Y nadie puede sentir mayor dolor, mayor ausencia. Dos que al ser uno caminaron al ritmo de tres. Y ahora, al tiempo de regalar tantas y tantas caricias templadas al arrullo de la esperanza, la vida se fue, antes de llegar.

“No late, ya no está con nosotros. De verdad que lo siento”.

Pero no, nadie puede ni imaginar lo que ha de sentir, una hiel tal, que seca toda esperanza hasta que pueda volver a renacer por amor.

Saudade, vuestra.

3

Hay oleajes que acarician playas por tiempo olvidadas.

Llegan y van, arrastran vida y vuelven, para regresar en un compás eterno.

La vida, a veces, te desgasta sin quebrarte, te vuelca sin romperte, te vierte sin agotarte.

Puedes amar hasta sufrir, y sufrir hasta amar. Descubres solo si lo has vivido, nostalgias tan profundas, tan hondas, que te rehacen por dentro, te modelan, templan fundiendo tu ser, y lo hacen desde dentro. Desgastan tu entereza, y te viertes de dolor. Cuando pasa, resquebrajado alzas la mirada para respirar un cielo estrellado.

Vivir lo que pudiste perder, como perdido. Y que como un alumno perezoso, la vida entienda que no comprendiste, y repita, y repita la cadencia…Cuando regresas, y vuelves entero, una profunda nostalgia no te deja ya. Te impregna, por lo que pudo ser, y no fue, pero te partió de sufrimiento puro.

4

Mi más honda nostalgia.

María, saudade mía.

Saudade, mía.

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Autor: elmedicoinvisible

Médico especialista en Anestesiología y Reanimación. Doctor en medicina y cirugía. Diplomado Europeo en Anestesiología y Cuidados Intensivos. A fin de cuentas, médico por vocación. El resto viene por añadido.

Un comentario en “Saudade”

  1. Para quien siente absoluta devoción por las palabras y su uso exquisito, éstas son sin duda muy recomendables. Es esa sensación de querer seguir leyendo porque lo que lees, te está tocando el alma.
    Gracias.

    Le gusta a 1 persona

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