Myriam

CUATRO                Encarnación

Tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum…

Tum…             tum…

Voluntariamente deshizo el nudo de concentración que la abstraía en su interior. Un mundo dentro de la vida misma, una cadencia que se mecía entre lo más profundamente humano, y el tiempo rasgado de una decisión que lo haría todo nuevo.

Deslizó su mano suavemente por su vientre, buscando un calor mutuo, sintiendo la esencia misma del amor. Miraba hacia el manto de estrellas, cada una de ellas tímida, al ser contemplada, palidecía pidiendo no ser luz sobre la luz.

Llegaba, ya venía. El frío de la noche la envolvió de forma mordaz, pero no había frío posible en su corazón. Alejados de todo cobijo, inmigrantes del mundo. No caminaron más, llegaba, ¡ya venía!

Notó sus ojos en su espalda, y al tiempo la calidez de su mano abrigando sus hombros. En su mirada encontró el remanso de la espera, la brisa del amor profundo, la confianza plena que brota sin ser pedida. Temblaba y no era del frío. En su pequeñez, a ráfagas comprendía y olvidaba, entendía y sufría. Demasiado ser de barro para un fuego contenido. El mundo esperaba, calmado, lo que no comprendería.

Tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum…

Tum…             tum…

A la distancia del vuelo de un diente de dragón Ra’ah se arrodilló conmovida. Sin poder volver su mirada fija en ella, sintió la compañía del resto de Pastores rodeando el centro de la vida. Abrazando la presencia de la Palabra. La creación misma preñada y encarnada. Mujer fiada sin condición, con la sencillez forjando la vasija de barro, suave, frágil y única. Al verla, sintiendo la presencia embargando el mismo aire que respiraban, notó el tiempo caer, desengranarse, licuarse hasta fluir y parar. No podía comprender lo que ocurría, pero podía sentir el amor que abrazaba la creación con la entrega y la presencia hecha vida.

Tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum…

Tum…             tum…

Dolor.

Una sonrisa única dibujo las líneas de su cuerpo al sentir, en la certeza, el momento. Girando con ternura su cara, tras arrodillarse por la brusquedad del encuentro con la vida, le miró y le imploró su compañía. Él la abrazó con temblor, la besó con miedo y cariño y estuvo preparado.

Tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum,tum…

Tum…             tum…

“La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros.” Jn 1:14

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Autor: elmedicoinvisible

Médico especialista en Anestesiología y Reanimación. Doctor en medicina y cirugía. Diplomado Europeo en Anestesiología y Cuidados Intensivos. A fin de cuentas, médico por vocación. El resto viene por añadido.

Un comentario en “Myriam”

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